El sacramento de la Reconciliación, también conocido como penitencia, tiene su origen en la enseñanza y práctica de Jesucristo, quien, tras su Resurrección, confirió a sus Apóstoles el poder de perdonar los pecados (cf. Lc 24, 47). Este sacramento se propaga a través de la misión de la Iglesia, que, guiada por el Espíritu Santo, continúa el ministerio de reconciliación, ofreciendo a todos los fieles la oportunidad de volver a la gracia de Dios tras haber pecado.
Al acudir a este sacramento, los fieles experimentan un proceso de conversión que les permite reconciliarse no solo con Dios, sino también con la Iglesia, a la que han ofendido por sus pecados. La confesión de los pecados ante el sacerdote, quien actúa en la persona de Cristo, es esencial para recibir la absolución, que restaura al penitente a la comunión plena con la comunidad eclesial. Así, el sacramento de la Reconciliación se convierte en un "bautismo laborioso", necesario para la salvación de aquellos que han caído después del Bautismo, reafirmando la esperanza de perdón y renovación en la vida cristiana.
Centro Parroquial
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